jueves, agosto 23, 2007

Crónica Malkiana 39



Granje-rías


Ha estado callado el gallinero en la granja de Don Temuko. O por lo menos la providencia nos ha favorecido con el silencio y el descanso, sus cacareos fatuos ya no se escuchan, ni se leen, por estos lados del campo. Ni que decir de los gallos, los puercos y los perros de la granja que tampoco han asomado sus narices por aquí.
En todo caso, se vienen dias connotados, días en que acostumbran vestir sus ropajes más consecuentes, aquellos que tienen guardados la mayor parte del tiempo y que visten sólo cuando saben que habrá alguien que los mire, pero cada vez les quedan más apretados y desteñidos, más aun que intentan ponérselos sobre el brillante y cómodo traje de la moda neoliberal que acostumbran usar cotidianamente.
Vienen los días en que revisan el clóset para encontrar el ropaje mas ad hoc a la fecha en cuestión, aunque no por eso dejan de ir a que acicalen sus plumas y pellejos, estiren y suban las zonas decadentes, y reparen en la medida de lo posible las huellas que deja el ocio insano y el oficio del chaqueteo al prójimo que tan bien practican.
Ha pasado tanta agua bajo los puentes del Cautín, y el trabajo silencioso y permanente de los bien nacidos ha sido constante, a pesar de que en la Granja no han escatimado esfuerzos para mediocrizar el campo, pero ante los cacareos, graznidos, rebuznos y ladridos, los animales libres del campo han sido prudentes y mesurados, no han puesto atención al ruido infame, para qué si sólo es eso, ruido.
Desafortunadamente la granja tiene para rato con su población de perezosas bestias. Aunque no todos lo son, por cierto, reconozco en el cuadro algunas gallinas nobles, algunos caballos viejos que aun galopan, lento pero galopan. También hay ciertos gallos que siguen cantando a la mañana como queriendo despertar una aurora nueva, pero las gallinas celosas tienen amarradas sus patas y de vez en cuando y de cuando en vez los atrapan en el gallinero, y como gallinas que son se los pelean a picotazo limpio, y luego siguen tan "amigas" como siempre... es un despelote de plumas que ni para almohadas sirve.
George Orwell escribió "Rebelión en la Granja" y tuvo infinitos problemas para publicar y compartir su obra, y todo porque sabía que hay muchos que vieron su imagen y semejanza en aquellos personajes y usaron hasta lo innombrable para impedir que saliera a luz pública el retrato de sus cotidianeidades. Y por qué no habría de ser igual en esta mediocre granja de Don Temuco. Este Don que tiene el campo hecho ruina, donde a duras penas sobreviven los seres nobles y donde dominan los pérfidos y envidiosos marranos. Esta granja que le fuera expropiada a los hijos de la Mapu Ñuke y que la visten cada día como una brillante luz pero en vez de alumbrar se oscurece más.
¿Y por qué seguimos aquí? ¿Por qué no abandonamos? Pues porque no se debe dar en el gusto al cerdo, o terminará comiéndose todo. Hay que seguir aquí, aunque duela, hay que seguir pellizcando las bolas del perro rastrero, hay que seguir intentando abrir surcos para sembrar aunque no falten las gallinas ociosas que se alimentan del grano que otros han sembrado, ni los gallos que cantan a la mañana solo para que las gallinas los vean pero que les da lo mismo si sale o no el sol.
¿Y donde me encuentro ahora? Bueno, donde siempre, a la vista de todos, recibiendo desde lejos las miradas negras, pero sólo se acercan los que me conocen y saben que hago y que soy, los otros meten bulla y elucubran infinitas teorías, pero mi trabajo es este, estar aquí, verlo todo y de vez en cuando asustar a los cuervos, aunque hace poco casi pierdo un ojo... en fin, son gajes del oficio. No siempre es entretenido ser el Espantapájaros.